La vivienda

La vivienda es el espacio de intimidad de las familias. A pesar de la evolución de las estructuras familiares, la vivienda sigue diseñándose bajo las mismas premisas. Los mismos espacios compartimentados se reproducen desde hace siglos, con más o menos variaciones. Estas compartimentaciones a menudo discriminan el uso de la vivienda que realizan las mujeres.
La casa debería ser el espacio de mayor confianza y naturalidad, con lugares tanto abiertos como propios que contribuyan a un mayor clima de seguridad y relajación. A su vez, la vivienda es un lugar de trabajo para muchas mujeres, que ya sea como amas de casa o a través de una “doble jornada” laboral, tengan que realizar las tareas domésticas de forma más o menos exclusiva. Aunque es cierto que la participación masculina es cada vez mayor, las cifras indican que todavía las mujeres dedican muchas más horas a este tipo de tareas que los hombres.

Compartimentación

Los distintos espacios de la vivienda suelen responder a las diversas necesidades del hogar: dormitorio, cocina, cuarto de baño... Sin embargo, las necesidades varían a lo largo de la vida. Es por ello que resulta recomendable concebir espacios multifuncionales, que puedan cambiar de uso según se requiera. Así, un dormitorio puede convertirse en una sala de juegos o en un despacho en función de la etapa vital de los miembros de la familia. Es necesario destacar también la importancia de creación de espacios diáfanos a estos efectos.
La accesibilidad de la vivienda es cada vez más importante. La mayor longevidad de las mujeres junto al retroceso en políticas sociales va encaminada a la asunción del cuidado de las personas mayores por parte de las familias, especialmente por las mujeres a día de hoy. Por este motivo debe poder habilitarse espacios que faciliten el desplazamiento de estas personas, ya sea con caminadores o sillas de ruedas, y que puedan ser lugares donde realizar los cuidados, incluso hospitalarios, necesarios.
Por otro lado, la mujer acostumbra a preferir espacios amplios y luminosos que faciliten la comunicación y la vida en familia. Si bien es cierto que todas las personas del hogar deberían poder contar con un espacio de privacidad, son muy importantes los lugares comunes que, además de contribuir a la socialización de la unidad familiar, permitan la participación en las tareas domésticas. Las mujeres, además, deben poder sentirse a gusto en la realización de dichas tareas, y no estar aisladas del resto de la casa. Por ejemplo, el diseño conjunto de cocina y comedor permite una mayor interacción entre los distintos miembros de la familia y no relega de forma exclusiva a quien se encargue de las tareas de cocina.

Espacios de almacén

Las viviendas deben adaptarse a las distintas funcionalidades de la unidad familiar. Además de ser accesibles, es recomendable que cuenten con un espacio donde guardar aquellos utensilios necesarios para el trabajo doméstico o incluso el teletrabajo: carrito de la compra, bicicletas, carrito de bebés, en un espacio a la entrada o en la escalera de forma comunitaria –siempre que sea posible, para facilitar la entrada y salida de la vivienda-; utensilios de cocina y alimentos en una despensa; espacio para guardar la ropa y lo necesario para su lavado; lugar de reciclaje de los residuos y de limpieza de la casa… Esto mejora el uso del espacio y da mayor facilidad a la realización de las tareas domésticas, a la vez que ayuda a que no se entorpezca el paso en la propia vivienda.

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