¿Puedo participar en la construcción ó rehabilitación de mi vivienda?

Construir-y-rehabilitar

A pesar de que la construcción es una actividad especializada, hay formas de organizar una obra que permiten la participación de los usuarios de las viviendas si las técnicas constructivas escogidas no son demasiado complejas. Especialmente cuando se trata de proyectos colectivos, la autoconstrucción puede suponer un ahorro de costes y crea un vínculo más fuerte entre los habitantes y su vivienda.

Introducción

Históricamente, en la producción popular del hábitat, los usuarios de la vivienda fueron también sus constructores. Conforme fue avanzando la industrialización, los avances en los distintos campos de conocimiento y en los mecanismos de regulación estatal sobre los procesos de producción, unido al creciente aumento de las jornadas laborales, la creciente mercantilización del sector, hicieron que la participación directa en la ejecución de las obras de una vivienda fuera quedando exclusivamente en manos de los profesionales de la construcción. Esta es en principio una tendencia que tiene sentido desde el punto de vista del aumento de la calidad del producto, la economía de medios y la seguridad de los procesos. Pero tal como han señalado pensadores como Ivan Illich, el terreno cedido al papel institucional de los expertos es también un terreno perdido en términos de autonomía individual y colectiva.

Illich señaló cómo la acción conjunta del mercado como agente productor de vivienda y el estado como agente regulador de dicha producción dio como resultado un menor acceso a la vivienda a amplias capas de la población. Paradójicamente, el dictado de normas que pretendían proteger al consumidor de los abusos del mercado fijaron unos estándares de calidad para la vivienda que “han privado a un número mayor de gente de la posibilidad tradicional de construirse su casa” (Illich, 1985).

¿Por qué es importante plantearse la posibilidad de participar en la obra?

Tanto de cara al problema de la vivienda como a cualquier otro, la necesidad suele entenderse solo en términos de carencia. Pero olvidamos que la cara opuesta de la carencia es la potencialidad, de la que no se puede despegar: en la medida en que sentimos una necesidad nos vemos movilizados a satisfacerla. De ahí que la necesidad pueda llegar a convertirse incluso en un recurso, siempre que el proceso de satisfacción elegido lo permita. Por eso Manfred Max-Neef se ha referido a la importancia de intentar aprovechar los recursos “no convencionales” como la creatividad popular, la conciencia social, la capacidad auto organizativa, la solidaridad… que son recursos ilimitados. Les pasa al contrario que a los convencionales (capital y trabajo) que son cuantificables, limitados y no renovables. Mientras estos “se agotan en la medida en que se utilizan, los segundos se pierden sólo en la medida en que no se utilizan”.
Enrique Ortiz concreta algunos de estos recursos no convencionales para el caso de la vivienda:

“Las propias habilidades; El ojo del amo; El apoyo mutuo; La solidaridad, el apoyo del compadre, la mano vuelta; El uso de materiales locales y reciclados; La imaginación; El ahorro popular bajo control social directo o el ahorro en materiales; El uso de tiempos libres; Las formas de comunicación y negociación popular sobre precios, ofertas, oportunidades; La vinculación de los procesos de vivienda con actividades económicas; …”

Poner en juego todo este caudal de recursos en un proceso colectivo de vivienda es una posibilidad de la que no parece sensato prescindir.

Situaciones de nuestro entorno en las que se da la participación de los usuarios en la obra

Corresponde ahora hacer un esfuerzo para contextualizar el tema en nuestro entorno más cercano y preguntarnos por las posibilidades de la autoconstrucción en las distintas formas de producción de vivienda.

1. En la producción pública de vivienda

La autoconstrucción en el marco de las políticas públicas de vivienda a nivel estatal ha tenido un espacio marginal y decreciente.

  • En actuaciones de nueva planta

En el caso andaluz hay que reivindicar el ya extinto Programa de promoción pública de viviendas en régimen de autoconstrucción, que habilitaba un marco regulador para el impulso y la gestión de proyectos de autoconstrucción. El ayuntamiento aportaba los terrenos, el grupo aportaba la mano de obra y la Junta de Andalucía la asistencia técnica y el apoyo económico. Se trataría de actuaciones que cabe inscribir en la modalidad de autoconstrucción dirigida. El programa desapareció en los últimos planes andaluces de vivienda, aunque se sigue aplicando en la localidad sevillana de Marinaleda, donde la autoconstrucción tiene un especial arraigo debido a la impronta autogestionaria de sus políticas.

  • En actuaciones de rehabilitación

En cuanto a los casos de intervenciones de mejora de viviendas existentes, en la promoción pública cabe señalar el papel que desempeñan programas como el de Rehabilitación Autonómica, que no está orientado a la autoconstrucción pero en algunos casos ésta se da, de forma total o parcial, a través de la participación de beneficiarios con conocimientos de construcción. Pero podemos encontrar interesantes ejemplos de rehabilitación por ayuda mutua en algunas experiencias extranjeras como las cooperativas uruguayas.

2. En la producción social de vivienda

Por producción social de vivienda entendemos todas aquellas formas de promoción y gestión de vivienda cuya iniciativa y dirección corren a cargo de los propios habitantes y/o de actores sociales privados sin ánimo de lucro. Hoy día su presencia en nuestro país es muy minoritaria, pero es la forma de producción habitacional que constituye el nicho natural de la autoconstrucción y la autogestión en general.

Qué se entiende por autoconstrucción

Existen diversas maneras de abordar y presentar las alternativas de participación de los usuarios en la fase de ejecución de su vivienda. Hay todo un mundo detrás de la palabra “autoconstrucción”, que ha sido estudiado e investigado para tratar de organizarlo y clarificarlo conceptualmente, ya que en muchas ocasiones designamos como autoconstrucción a realidades bien distintas en fondo y forma.

Aquí vamos a recoger dos de las diversas aproximaciones que se han dado. La primera pertenece a Víctor Pelli y la segunda, que reseñaremos en el apartado de opciones, a Julián Salas.

Distintas versiones de la autoconstrucción, según Víctor Pelli

Víctor Pelli (2006) pone el acento en distinguir el papel de los autoconstructores en el proceso. Entendemos que esta aproximación es clave desde el punto de vista epistemológico, puesto que toma como eje la identificación de los roles desempeñados por los actores intervinientes, y por tanto ayuda a explicitar la orientación ideológica de los procesos de autoconstrucción y a identificar su capacidad de contribuir o no a generar prácticas socialmente inclusivas.

1. La autoconstrución espontánea y autónoma: autogestión espontánea y autónoma del hábitat popular, o autoproducción popular.

Pelli se refiere con esta denominación a los procesos en los cuales es la gente, por su cuenta, ya sea de forma colectiva o individual, la que planea y construye su propio hábitat, sin intervención técnica ni estatal, o muy poco significativa. Se corresponde con la modalidad de producción pre-industrial que dio origen a la mayor parte de nuestros barrios históricos, y hoy sigue vigente y en plena pujanza en las sociedades periféricas.

2. Autoconstrucción dirigida: gestión institucional del hábitat popular con participación de los habitantes en la construcción.

Se incluye aquí a los procesos cuya dirección corre a cargo de un grupo externo y los pobladores intervienen fundamentalmente en la ejecución.
Se ha llamado también autoconstrucción a esta modalidad de producción de vivienda, bien distinta de la anterior, que está impulsada y dirigida desde fuera por actores técnico-institucionales, contando con los futuros vecinos como mano de obra, pero no tienen la posibilidad de incidir en decisiones sustanciales de diseño o de gestión. De este modo acceden a una vivienda en condiciones algo mejores que las del mercado, pero no responde a un proyecto autogestionario.

3. Autoconstrucción asistida: autogestión espontánea de la producción del hábitat, con asistencia no integral; autogestión de la producción del hábitat, espontánea o inducida, integralmente asistida; autogestión de la producción del hábitat, espontánea o inducida, integralmente asistida, socialmente integrada y equitativamente concertada; cogestión de la producción del hábitat

Por último, Pelli traza los rasgos de un tercer modelo en el que el grupo técnico-institucional externo se sitúa no por delante sino junto al grupo autogestionario, y ofrece no una dirección sino una asistencia técnica, sujeta al proceso del grupo. Si bien numerosos autores trazan una escalera ascendente de la participación en la que el último peldaño lo ocupa la autogestión popular, Pelli plantea, sin restar legitimidad a dicho enfoque, que cabe hablar de la cogestión como el estadio más sofisticado de la participación en el horizonte utópico de una sociedad que se entiende a sí misma como sistema solidario y por tanto la resolución de un problema de una de sus partes se considera una tarea de la sociedad en su conjunto.

Modalidades de autoconstrucción, por Julián Salas

La segunda clasificación de las formas de autoconstrucción que vamos a reseñar aquí se apoya en los trabajos de Julián Salas (1993). En una distinción rápida y grosera, podríamos decir que, si la clasificación de Víctor Pelli acentúa la perspectiva epistemológica, la de Julián Salas acentúa el punto de vista metodológico, puesto que explica las formas de autoconstrucción en tanto distintas modalidades de organización del grupo y su relación con agentes externos.

Si bien Julián Salas se refiere al espectro de situaciones que se dan en el área latinoaméricana, entendemos que su trabajo resulta conceptualmente clarificador y nos puede ser de utilidad de cara a la concepción y planificación de procesos colectivos de vivienda. Enumeramos a continuación las distintas situaciones de autoconstrucción que el autor identifica y las describimos en el apartado siguiente.

1. Autoayuda

2. Autoayuda con asesoría técnica

3. Ayuda mutua

4. Cooperativismo de ayuda mutua

5. Grupos de autoayuda con apoyos externos

6. Proceso mixto: realización por agente externo y autoayuda

Las alternativas anteriores responden, como hemos dicho, al abanico de situaciones que se observan en Latinoamérica y nos sirven para continuar profundizando en las distintas orientaciones del término ‘autoconstrucción’ y las diferencias entre uno y otro tipo de procesos. Esto nos da pistas para definir las características de un proyecto de vivienda nuevo o al menos ayuda a plantearse una serie de preguntas clave.

Nota: Las opciones desarrolladas en la columna de Propuestas están extraídas de SALAS, Julián (1993) “Contra el Hambre de Vivienda”. Los gráficos y los textos en cursiva son citas literales.

Comentarios

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mariaphillips
Hace 11 meses
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jose
Hace alrededor de 4 años
Hola. Gracias, Fred, por tu comentario. Cierto, la construcción con tierra, entre otras ventajas, requiere un uso más o menos intensivo de mano de obra y suelen ser tecnologías que se prestan a la autoconstrucción, más aun en modelos de ayuda mutua. El tema de los materiales y tecnologías constructivas en principio no lo hemos abordado en masqueunacasa porque es un campo muy extenso con una abundante sitiografía y bibliografía, pero no cabe duda de que está muy ligado a los procesos colectivos de vivienda. Por dejar al menos un ejemplo, una muy buena selección de tecnologías para la vivienda de bajo coste puede encontrarse en "Un Techo para vivir" (2005), coordinado por Pedro Lorenzo. Uno de sus capítulos está colgado acá: http://www-3.unipv.it/step/file/0262116001305907891.pdf
Fred
Hace alrededor de 4 años
Hola, La construcción con tierra (adobe, quincha, tapial) es en estos casos una muy buena alternativa ya que se puede usar el mismo material del terreno y que las técnicas de construcción están muy accesible y permite así con pocos medios pero una gran organización y ayuda mutua acceder a una vivienda sana y segura.
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