Conjunto Habitacional Jose Pedro Varela. Montevideo

Se trata de una de las experiencias pioneras más importantes del cooperativismo de ayuda mutua, desarrollada a principios de los años setenta. Más allá del programa habitacional, la gran escala del proyecto permitió definir una actuación de trascendencia urbanística para la ciudad, así como experimentar con sistemas de prefabricación de elementos de hormigón.

Introducción

NOTA: Los textos que se incluyen en esta experiencia provienen de Cubría y Di Paula, 2008.

Recién aprobada la Ley de Vivienda, se creó una Cooperativa de técnicos de carácter interdisciplinario, denominada Centro de Asistencia Técnica y Social, CEDAS, que realizó sus primeros asesoramientos a las cooperativas de vivienda surgidas del Sindicato Único de la Construcción y Ramas Anexas (SUNCA), que nuclea a los trabajadores de esa industria.
Ése fue el inicio de una estrecha relación entre CEDAS y el movimiento sindical uruguayo, que durante sus cinco primeros años de actuación permitió construir más de dos mil quinientas viviendas por el sistema de cooperativas de ayuda mutua y que habría de desarrollarse hasta su interrupción durante el período de facto.
El Conjunto “José Pedro Varela” (JPV), proyecto de más de cuatro mil viviendas, fue el primer gran conjunto habitacional promovido por CEDAS. A él siguieron proyectos y realizaciones como el Conjunto “Florencio Sánchez”, de más de mil quinientas viviendas, y otros menores en el interior del país.

La propuesta urbanística

La experiencia desarrollada en el Conjunto JPV es una de las referencias obligadas del cooperativismo de vivienda en el Uruguay, por tratarse de un ejemplo con rasgos muy particulares. Hay que buscar la génesis del Conjunto en el proceso que dio origen a las primeras cooperativas que lo integraron. En el año 1971 la recién creada Dirección Nacional de Vivienda adjudicó al SUNCA un terreno ubicado en una zona de Montevideo constituida por predios prácticamente baldíos y de gran extensión relativa, que al no disponer de los servicios urbanos adecuados, era un verdadero corte en la trama, en la infraestructura y en los servicios de la ciudad. El estudio de la implantación del conjunto de viviendas para las cooperativas del SUNCA, en tan particular circunstancia, animó al equipo técnico a un análisis a escala de la ciudad y culminó proponiendo un ambicioso programa urbanístico de cooperativas de vivienda. Este programa se desarrollaría en base a una estrategia que combinase la capacidad de compra de tierras de bajo costo por parte del Estado y la capacidad promotora del Instituto Técnico para la articulación de varios programas intercooperativos (“Zonas”), de una escala desconocida hasta ese momento.
El planteo urbanístico tuvo como objetivo estructurar el borde de la trama urbana en un lugar de crecimiento potencial importante pero frenado por la carencia de equipamientos y servicios urbanos, como era la cuenca del Arroyo del Molino.

La propuesta social

El compromiso asumido por las organizaciones sindicales con el cooperativismo de vivienda respondió a las necesidades de sus miembros, a las condiciones creadas por el nuevo marco legal y al poder de convocatoria y organización demostrado en esa circunstancia.
Las propuestas realizadas llevaron a comprender como necesaria la formación de grupos de varias cooperativas aunadas en una empresa común y estructuradas por mecanismos adecuados de interrelación. La voluntad de autogestión y la confianza en la participación, que nunca dejaron de estar presentes, permitieron en definitiva la concreción de estas experiencias en resultados positivos.
Se tomó conciencia de la importancia de la participación. No como un concepto previo sino como una exigencia práctica, como la única forma de llevar adelante los compromisos asumidos.
Se establecieron mecanismos de participación estructurados democráticamente, sin tener en un principio una total claridad conceptual de lo que en realidad se estaba creando. El criterio de la participación, como filosofía de trabajo, estuvo antes que la palabra.
En este aspecto también estuvo presente la gran escala, que generó diferentes niveles o ámbitos de participación:
- la célula habitacional de la familia;
- el agrupamiento de familias en los bloques o tiras;
- el conjunto de familias en cada Cooperativa;
- el conjunto de Cooperativas en cada “Zona”;
- el conjunto de “Zonas” en el JPV, y
- el Conjunto JPV en el barrio circundante.

La propuesta arquitectónica

De las seis “Zonas” propuestas en el proyecto original para el Conjunto JPV, sólo pudieron concretarse finalmente tres y cada una de ellas respondió a planteos diferentes en función de diversos factores, entre los que deben destacarse las decisiones particulares tomadas por cada grupo intercooperativo.
Por esta razón las propuestas arquitectónicas tuvieron cierto grado de heterogeneidad, en la medida que los grupos actuaban con autonomía.
En el estudio de la propuesta para cada una de las “Zonas” se consideró prioritario el nivel de agrupamiento de las células habitacionales.
Para el caso concreto de la Zona 1 se realizó un análisis sistemático de posibilidades de agrupamiento partiendo de premisas sociales (potenciar el relacionamiento social no compulsivo por medio de un alto grado de posibilidades de contactos), económicas (posibilidad de edificación en altura sin empleo de ascensor) y tecnológicas (racionalización mediante el análisis de costos relativos para seis tipos de organización en planta y seis tipos de organización en corte).

En los casos de las Zonas 3 y 6, las cooperativas resolvieron la adopción de una solución heterogénea, combinando varias alternativas de agrupamiento. Esto obedeció a la aspiración de lograr la mayor cantidad posible de viviendas con terreno de uso privado, razón por la cual, en función de la composición del grupo intercooperativo (839 y 216 viviendas respectivamente) y de la superficie del terreno, se combinaron viviendas dúplex en “tiras”, viviendas “dúplex sobre dúplex” y bloques de cuatro plantas organizados con circulaciones elevadas de doble crujía.
En dichas Zonas se valorizó la calle central que conecta con el parque lineal, ubicando en ella los servicios comunitarios principales.

La propuesta tecnológica

Las condiciones legales y financieras que rigen a las cooperativas de Ayuda Mutua obligan en la práctica a la organización de una empresa de construcción para cada uno de los programas. Esto lleva a dejar de lado muchas veces las ventajas que da la escala, a la que se podría llegar mediante la conjunción de esfuerzos de varios grupos. El Gran Conjunto permitió superar este problema, por lo que el aprovechamiento de la economía de escala fue el enfoque fundamental desde el punto de vista tecnológico.
La concreción de cada programa con grupos de cooperativas cuantitativamente numerosas estimuló asimismo un enfoque orientado a la producción racionalizada, que llevó en definitiva a la instalación de una planta de prefabricación de componentes de hormigón. Esta planta, que sirvió a dos de los programas comentados, fue especialmente construida con ese fin y financiada con recursos de los propios programas. Este emprendimiento quedó justificado económicamente en función de las 1.045 viviendas implicadas.
La rigidez legal que impide a las cooperativas de vivienda constituirse en cooperativas de producción para trabajar para terceros, obligó a financiar la instalación de la Planta mediante un adelanto del presupuesto de obra y llevó, finalizado el programa, al desmantelamiento de las instalaciones y demolición del edificio.

Fuente bibliográfíca

CUBRÍA, Norberto y DI PAULA, Jorge (2008) El Desafío de la escala: Conjunto “Jose Pedro Varela”, en Nahoum, B. (comp.) Una historia con quince mil protagonistas. Las cooperativas de vivienda por ayuda mutua uruguayas. Intendencia Municipal de Montevideo, Montevideo, [1999] 2008/2ª, p.204-210.

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